Instantes

Hay sonidos

                    voces

que el viento

                    me trae

voces que claman

que gritan

                  que exigen

que tome tu mano

te abrace

          me ruegan sólo

                               un

                               se

                               gu

                              ndo

   un instante

          efímera medida

para poder

            contemplar

                            te

Voces silenciosas

   que esperan

                       ese momento

del día

          ese instante

(efímera medida)

                 para sentir

  esos ojos castaños

           escudriñar

  mi

     a

       l

        m

          a

            .

Son voces

                 que sólo

                             yo

      escucho.

No es

         locura

me digo,

es amor

              repito.

       Volteo al

           resto

de la calle

               miro como

  caminanfumangritan

        conversan

 sumergidos

          en mares

   de infinita demencia.

            Se quema

                            la piel

                                     desnuda

de mil

         pares

         pares

de piernas

                morenas

inmersas

         en albercas

repletas de

    a-li-ma-ñas

a-gua-po-dri-da-.

         Miro a

 los indigentes

             que metáfora

de la

li           ber                   tad

      sin reglas

               ni horarios

vida,

          sin embargo,

dura

                  vida impasible

manos

          callosas

pelo sucio

              barba

                     cortadas

y un cigarrillo

                observo con cuidado

      las

figuras que

                    el hilo

gris

                                  escupe

y se

                    recortan

en el cielo

     al sonido de

tres tambores.

  Entonces

                  giro la cabeza

y

                   te miro

       tan bella

                     e

   imperfecta

blanca como

un carro

recién

salido de

la fábrica

como un

perro

recién bañado.

Te miro pasar

a través

de una

ventanilla

pequeño y sucio

recuadro

plástico que

no hace

sino aumentar

mi deseo

por ti.

La reacción

inesperada

un encuentro

tantas veces

anhelado

y que al

momento de

ocurrir

me espanta.

Suenan

las puertas

en

mis oídos

una guitarra

lluvia.

Pienso en tu

rostro

bañado por

la

lluvia,

y te miro

hermosa, impasible

imperfecta

siempre

esa voz

grave

que convierte

sensaciones

en metáforas

de libertad

como los

vagabundos

y un trago

de ron

y un cigarro

de mota

y vuela,

abre las alas

al compás de

mi corazón,

toma mi mano

rompe

mis dedos;

siente

como se

quiebran

las ramas

del

bosque

bajo tus

pies

desnudos,

frágiles,

tus pies pequeños

que pisan

tierraaguapolvo

y un cigarrillo.

Seremos el mar

eterno

movimiento

que

amenaza

con

avivarse a

cada

instante

(medida

efímera)

que se mece

al vaivén

de

tu respiración.

Soy el navío

que surca

las aguas

tibias de

tu cuerpo, esa

masa

inerte

que se

mueve

sin

prestar

atención

al café

con nombre

de

calle

que

suena

ahora en el

reproductor

de vidas

insignificantes

efímeras

(instante

medido)

Un paréntesis

para

pensar en

tu sonrisa, tomar

aire

y un cigarrillo

cuya brasa

me

consume

inexo

rable

mente

y me detengo.

Retomo la

pluma

al vuelo

y miro

a mi

lado tus

ojos como

tierra mojada

y el olor a

hojas verdes

de tu pelo

amor,

me digo,

es

lo que la

gente

promete

si se

quiere.

Mi esperanza

perdida,

soy la

hormiga

que trepa

a tu

ventana;

la paloma

que

defeca

sobre las

bancas

de Plaza de

Armas,

la fuente sucia

que recibe

entre sus

piernas

al cumpleañeros.

Somos la

pareja

que

mira con

una

sonrisa

todo lo que

pasa

desde un

punto

lejano,

desde esa

banca cagada,

con tu

cabeza

recostada

sobre mi

hombro.

Fuimos esa

tarjeta sepia

que los

abuelos

recuerdan

con

añoranza.

Eres

los ojos del

animal

que me

miran enjaulados

desde

una prisión

con nombre

de héroe;

eres ese beso,

esa promesa

que hice cuando

te quería;

fuiste mi amante,

no serás

mi amiga

y me detengo.

Cada

línea

sale de mi

mano

con una

fuerza

insospechada.

Serás mi

po

es

ía

te

dije,

eres la impresión

de carbón

que las

huellas de

un

zapato

trazan sobre

el piso

de cantera

moreliano.

Entonces

giro mi

cabeza

y no te veo.

En cambio,

hay una

multitud

de

estudiantes

sentados en

bancas

cagadas

o penetrando

a una fuente

que

los recibe

de piernas

abiertas

y me

detengo

y un trago

de ron

y un cigarrillo

y pienso

en amores

pasados

y en mis

padres

y

sonrío

ja, pienso,

pero no

rio.

Río,

esa

metáfora tan

bella

¡Oh! Amarotef,

eres como

el río

de aguas

azules

y fondo

turbio;

tus pechos

redondos

cual guijarros

de rivera

arrastrados

por mil

corrientes

ajenas

a los

cambios

que la

luna produce

en ti.

Es cosa

de la

gravedad,

explicas

como si tal

cosa

Newton, Sir Isaac

debe revolcarse

en su tumba

sólo de

pensar que una

joven

bella como

use sus

teorías para

reemplazar

una metáfora, Amarotef,

pero de placer

Amarotef.

Eres como el

lago que

conecta con

el río

turbio e imasible

cual fondo

frío y

oscuro,

inescrutable,

y trago

saliva y

me arde la

garganta y

un trago

de

café.

Sueño con

la arritmia

poética,

en el

golpe que

tu mano

da

sobre mi lápiz

H

de línea

fina que

ha de

cerrarse

para

siempre.

Un poema

espontáneo

que escribo

porque me

detuve,

volté,

y no te vi,

te imaginé bajo

la lluvia,

bella,

natural

y esa

sonrisa y

la

hendidura

del

escote.

Vacío ron en

las esquinas

de mi casa,

como Waldo,

para

invitar a los

fantasmas

de amigos,

de días,

de amores,

de cuentos

que fueron

y un

chorrito de

ron.

Miro hacia

adelante,

levanto un

poco los ojos.

Ahora soy tu,

mi musa,

tu, mi amor,

tu, el objeto

de mi

poesía.

Miro todo

desde

abajo,

me sostiene

en brazos

mi madre.

Fue sólo un

beso,

me dices,

Nada es

sólo

un ósculo,

te digo,

es amor,

reitero.

Entonces me

detengo

detengo

detengo

y

no puedo;

un par

par

de duendes

han

clavado sus

dedos en

mis pies

y los

meven;

corro y

me alejo poco

a poco

de ti,

tu imagen

se desvanece

entre

luces

sepias

voces airosas

suelos rosados

bancas

coronadas

de blanco

verde y

café

sin nombre

de calle

y una

fuente vírgen

que recibe al

del

cumpleaños

con el hímen

intacto

y las

piernas

abiertas;

un recuadro

de plástico

y un vagabundo

y un cigarro de

mota

y un trago

de ron

y un instante

(efímera…

y un cigarro

…medida)

ron en

las

esquinas

y el mar

ríos

y montañas

y un momento

y la luz

bailando

en tus ojos

y la hendidura

del escote

y el sostén

que asoma

tímido

y los

labios

suculentos

y los pechos

cual guijarros

y el poema,

la canción

y un instante

(medida

efímera)

que se

desvanece

que se va,

que se

pierde.

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