Nocturno mortuorio

Lo que queda después del whisky
es la respiración de los muertos,
el ansia de un beso
de tu borracho favorito.

Queda un sonido
-ligero como pedo de perro,
aguado y perdido de pies a cabeza-
entre dos dedos que sonríen.

Entre labios que sangran
después de pegarse en el hielo
de la bañera.

Sonrisas rezagadas en la piel del invierno
y el fuego de la chimenea
quema los recuerdos
vírgenes de los que ya no son.

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