Manual para torturar a un enemigo

Si usted está leyendo esto es cosa segura que tiene un enemigo. Sin duda, pensar en él y en cómo lograr su desaparición o, por lo menos, convertir su vida en algo nada placentero es una de las cosas que absorben una enorme cantidad de su tiempo.

Pues bien, en huidasdeintrospeccion nos dimos a la tarea de encontrar la mejor manera de convertir el breve paso de aquel personaje que se empeña en oponerse a usted en todos los terrenos en algo miserable y frustrante y doloroso. Si usted, caro lector, sigue estas instrucciones al pie de la letra, le garantizamos que todos ese enemigo particular se transformará, en tan sólo unas horas, en un ser gris y sin materia idem apenas capaz de pensar, ya no se diga interponerse en su camino al éxito*.

Antes de comenzar, hemos de advertir que se necesitarán varios miles de pesos para conseguir su efectivo. Pero ¿qué tanto es un poco de dinero a cambio de la derrota completa y total de su acérrimo enemigo?

La primera acción que deberá usted realizar para reducir a su enemigo consiste en averiguar si es el orgulloso poseedor de un pasaporte. De ser así, lea por encima las siguientes instrucciones y pase después a la segunda parte de este manual, escrita específicamente para este caso. De lo contrario, lea con atención. Si su enemigo no tiene el documento que le permite salir de manera legal del país, debe usted conseguir un acta de nacimiento (use dinero para esto: será un familiar que necesite con urgencia el documento para su primo y pague un poco extra a quien se encargue de conseguírsela), un par de fotografías tamaño pasaporte (aunque sólo usará una), escopolamina y un documento que acredite la identidad de su contrincante. Una vez obtenido lo anterior, consiga una cita en la página electrónica de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) a nombre de su enemigo, pague los derechos por tramitar un pasaporte y espere a que la fecha de la cita (que con seguridad le concederán para varias semanas más tarde) llegue.

El segundo paso consiste en, una noche antes, coincidir con su enemigo en algún lugar. Ingénieselas. Coloque la escopolamina en alguna bebida o alimento que consuma el susodicho. Espere a que haga efecto y, una vez privado de su voluntad y memoria, arrástrelo hasta las oficinas de la SRE más cercanas. Colocará sobre su pecho un cartel que diga: “vine a tramitar mi pasaporte” y en sus brazos una carpeta con todos los documentos necesarios para tal motivo, aunque esconderá una de las fotografías en el bolsillo derecho de su contrincante con el objetivo de hacerle perder el tiempo. Como las oficinas de la secretaría de referencia están llenas de una cantidad enorme de buenos samaritanos, alguien, con seguridad, le ayudará. Antes, si así usted lo prefiere, puede extirpar la lengua de su enemigo, asegurándose de cauterizar la herida de forma adecuada (use un hierro al rojo vivo); si decidió seguir ese consejo, podrá agregar al cartel que coloque sobre el individuo la frase “soy mudo” y agregar un poco de diversión a la faena.

De forma previa, deberá usted haber sobornado a un par de funcionarios de la SRE para que retrasen en medida de lo posible el tiempo que tardará en ser expedido el pasaporte de su adversario.

En cualquiera de los dos casos, una vez realizadas las acciones precedentes, usted, prácticamente, habrá concluido con su venganza. Sólo resta -y esta es quizás la parte más dura del procedimiento- disfrazarse de funcionario de gobierno y esperar a la salida de las oficinas burocráticas, donde, si su enemigo intenta salir , lo detendrá y le advertirá que si lo hace perderá su lugar, dando un leve empujón a su cuerpo para que ingrese de nuevo al lugar.

El último paso consiste en observar cómo envían a su enemigo de un escritorio a otro, ver cómo le recriminan su falta de claridad al momento de pedir sus trámites, el tiempo que espere y, por último, la pérdida de la voluntad de vivir, tras cinco horas sentado en una silla diminuta y azul e insufrible, tortura última para la espalda del torturado. No importa qué haga su enemigo, cuando salga de dichas oficinas será un ser inferior a un organismo unicelular, sin capacidad para procesar ni siquiera una broma de Jordi Rosado, mucho menos molestarle.

Si su enemigo ya cuenta con su pasaporte, usted deberá encargarse de que dicho documento desaparezca, aunque, tal vez, si tiene suerte, no estará vigente. Una vez logrado lo anterior, puede repetir los pasos necesarios para torturar al enemigo que no cuenta con pasaporte, sólo que en lugar de tramitar uno nuevo, deberá, únicamente, tramitar su renovación.

Es probable que, después de unos meses, se encuentre con su enemigo en la calle. De ser así, no sienta lástima por él. Asegúrese de elogiar su traje nuevo y gris, y decirle que ese corte de pelo a la Benito Juárez le sienta de maravilla. Felicítelo por su nuevo empleo como recepcionista de la SRE.

El equipo de huidasdeintrospeccion espera que usted, caro lector, encuentre en este brevísimo manual la solución a todos sus problemas y recuerde: su éxito está garantizado.

*El método para ser exitoso en la vida se lee por separado. Disponible próximamente en huidasdeintrospeccion.

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