Se acaba el mediodía

¿Cuánto dolor nos guarda la vida
a las doce de la noche,
cuando no hay nada vivo
que no sea este pecho ronco
y esta garganta jodida?

¿Cuántos miedos
se esconden debajo de la cama,
cuánta pasión se pierde en este escupitajo?

Demasiado tabaco me corroe el cuerpo,
viaje infinito que no acaba.

¿En dónde me queda la poca certeza?

Anoche conocí a un ciego,
vagaba tranquilo por la ciudad:
¿Cuántos suspiros nos guarda el destino?
A las cinco de la mañana
los gatos están dormidos.

Mis perros mataron un gorrión:
[no hay ayer en esa boca]
sangre, plumas, un chillido:
cadáver yace piedras entrada,
[no hay bebida en esa boca]
atrocidad, inocencia, una caricia, cola que se mueve.

Aquí no quedan ceniza
ni tortillas quemadas
ni una carta con sobre perfumado.

Aquí no queda lasaña sobre la estufa,
pero queda -cuánta envidia- un poco de paz.

Se perdieron los besos,
las caricias,
los cajones llenos:
———————–de champiñones,
———————–calzones de mujer,
———————–calcetines rosas.

Se quedan:
———————–un vacío,
———————–los ojos tristes de dos perros,
———————–la alacena llena de comida con grasa.

A las diez de la mañana
mis perros quieren salir de paseo,
y mientras camino
y fumo -más tabaco, más tabaco-
ya no pienso pero envidio.
¡Mover así la cola
y descubrir los aromas con tanta emoción!

Sólo el olor que me trae recuerdos…
un sabor particular, el tuyo,
el que reposa en mi lengua,
en la yema de mis dedos,
en las manchas de mi cama,
en el vacío que me grita una vez más
que no estamos juntos,
que no hay nada en el espacio
que parezca ser igual.

En dónde estarán estos pasadomañanas,
estos sudores nocturnos que me invaden
las piernas que se me quedan dormidas
mientras trato de despertar.

Pero no despierto,
me quedo con los ojos cerrados
y el dolor de cabeza que también me grita,
pero sin emoción, sin ladridos de perros.

El vello de tu entrepierna aún permanece en mi baño,
los rastrillos sucios,
y también los pedacitos de papel que dejabas pegados en cada rincón.

Y si alguna noche, por aquellas calles
que quise recorrer en otros días,
y si estos ojos
se calman, y me dejan parpadear,
qué cabeza, qué dolor agudo me perfora el pulmón,
una tos, un cigarrito y algo de sangre.

Me levanto sólo para orinar:
parado de manos,
parado de atole,
parado de abandono.

¿Dónde estaré en unas miradas?
las preguntas devoran mi estómago,
cuchillo sin filo trepa las paredes de una noche que no acaba.

¿Cuántos destinos nos guarda el suspiro?
¿Cuántas cartas viejas
y correos perdidos en el armario?

Se acabó el mediodía
y con él los suspiros,
y las realidades,
y los dolores punzocortantes,
y las dificultades respiratorias
y la adicción al tabaco,
y el extrañamientos,
y los tehechodemenos,
los teextraño,
el dónde estás perpetuo
y todo, en realidad.

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