Etiqueta para subir y bajar escaleras

Tan seguro como la muerte, en algún punto de su vida se enfrentará usted a este problema. Iniciará en el primer escalón y cuando se encuentre a mitad de la escalera, de pronto le parecerá angosta. ¿La razón? La persona que se encuentra frente a usted. Existen múltiples métodos para evitar un momento embarazoso en la escalera. El que aquí exponemos es sólo uno de ellos.

En el pasado, cuando otra persona bloqueaba su paso en una escalera es posible que ambos comenzaran una especie de danza extraña y, sobre todo, incómoda. No pase más vergüenzas. Primero, es fundamental que evite el contacto visual, pues es el principal provocador de la incomodidad.

Ahora bien, es importante resaltar que existen varios tipos de escaleras. De caracol, rectas por completo y cuadradas son ejemplos de las más comunes. Establecido lo anterior, cabe señalar que la respuesta ante el encuentro dependerá del tipo de escalera. Sin embargo, sea cual sea la situación, la persona que se encuentra descendiendo tiene derecho de paso. Así que si usted es quien asciende debe usted hacer lo posible por desaparecer, aunque si eso no es posible, basta con que se haga tan a un lado como el espacio se lo permita. Recuerde: en ningún momento suba la mirada; si conoce a la persona esboce una sonrisa, esquive los ojos y murmure una buenos días. Siga su camino.

En cambio, si usted está descendiendo, intente no detenerse. Evite el roce a toda costa. Ignore las instrucciones para subir escaleras, deje detrás esa absurda indicación de poner un pie detrás del otro. Usted lleva la ventaja, recuérdelo en todo momento. La gravedad está de su lado, la velocidad está de su lado, no puede detenerse. Haga de ello condición inalterable. Conforme los escalones que lo separan de su inevitable encuentro se hagan más cortos, aumente la velocidad de su descenso. Debe notar cómo quien sube se detiene, desaparece o, cuando menos, se hace a un lado, intenta fundirse con la pared. Es una buena señal. Si al llegar al punto de contacto su enemigo –porque no se equivoque, la otra persona es su enemigo– ha pegado nalgas y espalda contra la pared, sonría con la mirada siempre baja y diga algo que nadie pueda comprender. Sin detenerse continúe su camino y ruegue no haber olvidado nada en el piso que recién abandonó.

Existe una tercera posibilidad, que es en realidad dos situaciones por completo idénticas. En ocasiones, el bloqueo en la ascensión se produce por una persona que, tal como usted, subo o baja, según sea el caso. El rumbo a tomar es el mismo. Si la persona que se encuentra frente a usted camina con grosera lentitud por el cúmulo de escalones, muévase de lado a lado con audible impaciencia. Tarde o temprano se dará cuenta y se hará a un lado, tal vez con una breve palabra de disculpa. Si lo anterior no funciona, cuente diez segundos y toque el hombro de su oponente. Mire hacia la pared, mueva los labios, rebase, continúe.

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