Gotas de sangre

Somos
una gota de sangre
derramada sobre la banqueta;
apenas un segundo
de luz de atardecer,
es decir,
que somos susurros;
mejor dicho,
nadie nos recordará.

Somos,
cuando nos toca un día bueno,
medianamente felices;
y asquerosamente miserables
cuando nos toca un día malo.

Somos, casi siempre,
la suma de nuestros afectos,
de nuestros errores,
y –sobre todo– de nuestros vicios.

Porque
———¿de qué se arrepienten
———quienes no tienen vicios?

Que si llegamos a viejos
es necesario decir:
“me arrepiento tanto
y es hora de cambiar”
porque no se puede ser feliz
—————————todo el tiempo
–ni vale la pena–
porque sin la miseria
en la que transcurren los días
la felicidad de tu sonrisa,
de esa curva efímera,
no tendría sentido
entre tanta falta de problemas.

No obstante, preciso:
————————-somos instantes,
————————-sonrisas taciturnas,
————————-borracheras y arrepentimientos,
————————-un chingo de errores,
————————-un chingo de lamentos;
————————-es decir, que a final de cuentas,
somos apenas
una caricia febril,
o en el mejor de los casos,
la sonrisa de un desconocido.

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