Etiqueta para urinales públicos*

Llegará un punto en su vida en el que, de forma inevitable, se enfrentará a la situación de tener que utilizar un urinal público. Sí, lo sabemos, incluso el imaginarse en un escenario como ese basta para que se le enchine la piel y se le revuelva el estómago en una mezcla de miedo y asco. Pero tan seguro como que la muerte llegará algún día, usted, caro lector, tarde o temprano se enfrentará a ella.

Fountain 1917, replica 1964 by Marcel Duchamp 1887-1968

Fountain 1917, replica 1964 Marcel Duchamp 1887-1968 Purchased with assistance from the Friends of the Tate Gallery 1999 http://www.tate.org.uk/art/work/T07573

Una vez que ese aciago día llegue, lo primero que tiene que hacer es identificar el caso al que se enfrenta. Como sabrá, en un urinal público pueden darse distintos tipos de interacción. El primero de ellos y, en la opinión de quien resto escribe, caso ideal, es encontrarse a solas en el baño. Cuando esto suceda, usted puede entablar un diálogo despreocupado con la porcelana del mingitorio. Imagine lo siguiente: entra usted al baño y sólo lo persigue el eco de sus pasos; celébrelo, permita que el aroma a limpiadores industriales y orines viejos suba por sus fosas nasales hasta los centros perceptivos de su cerebro, regocíjese en la existencia de tantos riñones funcionales que han utilizado los baños antes que usted. Puede incluso, si así lo desea, permitirse exclamaciones de placer o emitir gruñidos y palabras de aliento para hacer la tarea más amena.

En caso de que usted entre al baño y se encuentre con que hay otras personas en el mismo espacio, actúe con naturalidad. Finja que no están ahí, pues esa es la regla principal de convivencia en el cuarto de baño: nadie se conoce. Podrá suceder que, mientras unos utilizan los mingitorios, otros estén sentados en los excusados. En esa situación, la presunción de demencia debe ser aún mayor: recuerde que, una vez sentados sobre la taza del baño, los seres humanos perdemos el control sobre los músculos. Así, el pobre diablo que tenga la desgracia de utilizar el baño mientras otras personas se encuentran presentes no puede ser culpado de ruido, gas o exclamaciones de sincero dolor que escapen de su cuerpo.

Una vez que ha reunido fuerzas de flaqueza y encontrado la la determinación necesaria para ignorar a cualquiera, lo siguiente que debe hacer es identificar el mingitorio con la mejor posición posible. Recuerde: mientras más alejado del lavamanos –pues las disposiciones arquitectónicas de los cuartos de baño son siempre iguales– mejor. No obstante, es preferible utilizar los cubículos adyacentes al lavamanos que los cubículos centrales. Recuerde: mientras más al centro, más expuesto estará usted. En caso de que todos los espacios estén ocupados, abandone la habitación de inmediato; vuelva en cinco minutos.

Si ha tenido la suerte de encontrar un espacio vacío, asegúrese de que nadie lo mira a través de los omnipresentes agujeros que generaciones enteras de borrachos voyeuristas han cavado en las paredes de los cubículos. A menos que disfrute usted ser mirado. En ese caso, no se inhiba: dé rienda suelta a sus fantasías al tiempo que alivia la vejiga.

A la hora de emprender la retirada, sea cauteloso. Cualquier movimiento demasiado rápido puede ser interpretado como una invasión al espacio personal de alguien más, y a nadie le gusta ser abordado sin previo aviso. Deshágase de tantas gotas de orina como sea posible, pero no se preocupe demasiado. Recuerde, lo dijo Platón: por más que sacudas, la última gota terminará en el pantalón. Luego, lávese las manos a consciencia, evite tocar nada más del mobiliario y salga del cuarto de baño de forma discreta. Ignore las miradas que, sin duda alguna, lo seguirán mientras recorre el camino que separa la puerta del retrete de la mesa en la que se encuentra. Disfrute la sensación –siempre efímera– de ligereza que ser el orgulloso poseedor de una vejiga vacía le dará.

Luego, cuando la urgencia de aliviar el bajo vientre lo aqueje de nuevo, recuerde las reglas de etiqueta que recién ha aprendido y reúna el valor que entrar a un baño siempre requiere.

*Las instrucciones de etiqueta aquí mencionadas son sólo válidas para mingitorios separados en cubículos individuales. En caso de enfrentarse a un urinal o a mingitorios instalados sin separación alguna, las reglas básicas de convivencia son completamente distintas.

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