Método práctico para enfrentarse a la felicidad

Si usted está leyendo esto, una cosa es segura: está desesperado. No sé preocupe, a todos nos pasa en algún momento. Y sucede así, de pronto, como caerse en medio de una plaza pública, el vómito del borracho o el cariño de un gato. Sucede que un día despierta, igual que cualquier otro, y se encuentra con que usted es feliz.

No importa cuántas preocupaciones se asomaran por encima de su hombro la noche anterior, un día despertará feliz. Cuando eso pase, no se alarme. No deje que el pánico se apodere de su persona. Lo primero que debe hacer es recordar lo que ha leído aquí. A continuación, caro lector, procederé a explicarle lo que debe hacer en caso de que ese sentimiento se apersone en su vida.

Antes que nada, analice la situación. ¿En verdad es usted feliz? A menudo se confunde ese sentimiento con ebriedad rezagada. Antes de suponer que es usted feliz, haga memoria y asegúrese de que la noche anterior no haya ingerido bebida alcohólica alguna. Si no lo hizo, siga leyendo. En caso contrario, duerma otro poco; para cuando despierte, la resaca se encargará de demostrarle que no es usted feliz.

Si la noche anterior su rutina consistió en tomar té caliente, masturbarse y ver televisión –o leer, que aquí no juzgamos las preferencias de nadie–, y aún así despierta sintiéndose feliz, entonces tiene ante usted un pequeño problema. No muy grande, es verdad, pero problema al fin y al cabo. Sentirá una creciente necesidad por salir a la calle con ropa fresca y sonreír a los extraños, saludar en el transporte público y pedirle a la mesera de su cafetería preferida que se quede con el cambio. Ponga atención: es imprescindible que reprima esos deseos.

Lo que debe hacer, en cambio, es sentarse en su cocina –sobre la mesa, en una silla o en el suelo, no importa–. Si tiene café en casa, beba una taza (se recomienda café soluble), a fin de continuar con las reflexiones sobre su felicidad. Respire profundo y deje que los problemas que lo aquejaban la noche anterior regresen a usted. Es común que este sencillo ejercicio sea suficiente para alejar cualquier indicio de felicidad. Pronto comenzará a sentir una agradable presión en el pecho y en su cabeza. Respire tranquilo: es la realidad asentándose sobre sus hombros.

Si incluso tras realizar lo anterior continúa sintiéndose feliz, su caso es un poco más complicado de lo que parece. Pero mantenga la calma, todo tiene solución. El método más extremo que puede aplicar consiste en leer las noticias más recientes. Ya sea que prefiera la prensa escrita –esos hermosos farsantes–, actualizarse en redes sociales o revisar a consciencia las páginas electrónicas de los medios de comunicación de mayor renombre, hay una cierta estructura que debe seguir. Recuerde: inicie siempre de lo local a lo global. Comience en la sección de necrológicas; busca algún nombre que le resulte familiar –y, con suerte, encontrará el de algún familiar, lo que (en la mayor parte de los casos) le bajará los ánimos de golpe–, algún amigo de la secundaria o conocido de la carrera, tal vez incluso un antiguo amor.

Continúe con la nota roja. Cuente los asesinatos, los muertos en accidentes de tránsito y las muertes de cuna. Siga con la sección de política, deje que la indignación por la ineficiencia de los legisladores se apodere de su ser, deje que la indignación por los miles de millones de pesos que todos los días desaparecen del erario se adueñe de su mente. En este punto, lo más seguro es que ya en su pecho se haya encendido la llama de la furia; muy bien, pero no se detenga: ataque la sección internacional y húndase en las guerras civiles, las hambrunas, las enfermedades que arrasan los campamentos de refugiados de Medio Oriente, los refugiados que se ahogaron a veinte metros de la costa. Así, su felicidad debería quedar reducida a un triste recuerdo: ante la inclemencia de la vida, imposible sentirse pleno.

Y si lo anterior no es suficiente para bajarlo de su nube de buen humor; si siente que todo en el mundo está bien, que irradia una luz cálida que envuelve lo que toca y que ningún problema es tan grande como para preocuparse por él, entonces está usted jodido. Se encuentra ante una encrucijada, y puede elegir entre dos vías de acción. La primera –y la que recomendamos aquí– es sentarse a esperar, quietecito y en silencio, a que todo vuelva a la normalidad. Y la segunda es salir a la calle y dejarse llevar por sus salvajes instintos; es decir, sonreírle a las viejitas, dar limosna a los inválidos y creer en la prensa escrita. Total, que cada quién sus filias y fobias.

Ayuda adicional

Tras redactar este texto, el laborioso equipo que trabaja en la redacción de este Manual práctico para uso cotidianio ideó una pequeña ayuda visual para combatir su felicidad. Es posible que, como a nosotros, las palabras mal escritas lo vuelvan loco, lo molesten hasta lo indecible, hagan que se le enchine la carne, le rechinen los dientes y se le tuerzan los ojos. De ser así, por favor siga leyendo:

vomvilla bomito livro labadero lavoratorio cafeteria fuersa loko lanviskon ronpecavezaz anticonztitusionalmente avrebadero vacardi uisqui volaños barsobia begetariano uvre baca

Esperamos le sean de gran ayuda.

 

Este texto fue publicado originalmente en el blog de Los Hedonistas Cansados

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